Un anciano sabio con una inmensa barba blanca que le llegaba hasta los pies, un reloj parlante con ojos que marcaba impasible el paso de los siglos, y un viaje apasionante desde la oscuridad de las cavernas hasta la conquista de las estrellas. Érase una vez el hombre hizo lo que parecía imposible: logró que millones de niños aprendieran historia universal de forma divertida y sin darse cuenta.
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🌍 El genio de Albert Barillé y el nacimiento de una saga
A finales de los años 70, la televisión europea vivió un hito educativo sin precedentes. El productor, guionista y dibujante francés Albert Barillé, fundador de la productora Procidis, tuvo la brillante intuición de que los niños tenían una capacidad de aprendizaje inmensa si la información se les presentaba con respeto, belleza y sentido del humor.
Así nació en 1978 Érase una vez… el hombre, una espectacular coproducción en la que participó Televisión Española (TVE) junto a otras cadenas de toda Europa y Japón. La serie abarcaba la historia completa de la humanidad en 26 episodios, empezando por la creación de la Tierra, pasando por el Imperio Romano, la Edad Media, los descubrimientos de grandes inventores, hasta llegar a una visión (bastante apocalíptica) del futuro.
⏳ Los arquetipos humanos: Del Maestro al Tiñoso
Para lograr que los niños no se perdieran a lo largo de miles de años de saltos temporales, Barillé diseñó un grupo de personajes arquetípicos que se iban reencarnando en cada época, manteniendo sus personalidades intactas. Era un recurso brillante para generar empatía inmediata:
- El Maestro: La voz de la sabiduría. Un anciano inventor, filósofo y guía, cuya barba blanca le cubría todo el cuerpo y siempre estaba llena de objetos, herramientas o incluso ratones. Su paciencia era infinita.
- Pedro y El Gordo: Los héroes de la historia. Pedro (Pierre) representaba al hombre bueno, trabajador e ingenioso. Su inseparable amigo, El Gordo (Le Gros), era un gigante pelirrojo de una fuerza sobrehumana, pero con un corazón de oro, que siempre resolvía las peleas a base de mamporros limpios.
- Flor: La figura femenina protagonista. Fuerte, inteligente y valiente, evolucionaba a lo largo de los capítulos reflejando los duros cambios del papel de la mujer en la historia de la humanidad.
- El Tiñoso y El Enclenque: Los formidables villanos que representaban la codicia, la envidia y la tiranía humana. El Tiñoso era un matón grande y agresivo, mientras que el Enclenque (un tipo bajito con una risa malvada y estridente) era la mente calculadora que lo manipulaba por detrás. Sus constantes derrotas, normalmente a manos de El Gordo, eran el alivio cómico de la serie.
🎼 La música clásica, Beethoven y Bach
El componente musical de la saga Érase una vez… es un auténtico tesoro de culto. Albert Barillé era un firme defensor de acercar la música clásica a los niños. En la emisión original francesa (y en muchos países), la majestuosa sintonía de apertura utilizaba nada menos que el Septimino (Op. 20) de Beethoven, mientras que en posteriores secuelas de la saga (como Érase una vez el espacio) se apostó por temas legendarios de Johann Sebastian Bach, como la Toccata y Fuga.
Sin embargo, en España tuvimos una adaptación muy particular y entrañable. Se optó por una canción pop interpretada por el famoso dúo infantil Enrique y Ana (y más tarde por el grupo Caramelos), que comenzaba con un inolvidable «Érase una vez… el hombre». Además, la serie siempre terminaba con otra emotiva canción cantada por el dúo, con la frase «La vida es así, llena de paz…», mientras el reloj pasaba las páginas del tiempo rápidamente hacia atrás.
🎓 Un legado educativo inmortal
Lo más valiente de Érase una vez el hombre fue que no trataba a los niños como si fueran tontos. No dudaba en mostrar los horrores de las guerras, las plagas, la esclavitud o las dictaduras (siempre filtrado con un estilo visual respetuoso). El último episodio, donde el planeta Tierra termina saltando por los aires por culpa de la contaminación y la guerra tecnológica, fue un aviso ecologista muy severo para los jóvenes de la época.
El tremendo éxito de esta primera serie dio pie a toda una franquicia legendaria: Érase una vez… el espacio, la vida (el cuerpo humano), las Américas, los inventores y los exploradores. Generaciones de médicos, historiadores y científicos en España confiesan que su vocación nació sentados frente al televisor los fines de semana, viendo a unos simpáticos muñequitos explicarnos, con cariño y rigor, el largo e increíble viaje de la especie humana en el planeta Tierra.